El oro vuelve a mirar hacia los bonos del Tesoro de Estados Unidos, pero esta vez la cuestión no es solo cuánto están subiendo las rentabilidades, sino por qué lo están haciendo.
El fondo soberano de Noruega, el más grande del mundo con aproximadamente 2,3 billones de dólares en activos, ha propuesto reducir el peso de la deuda pública dentro de su índice de renta fija, pasando del 70% al 50%. Este cambio podría suponer una reducción cercana a los 80.000 millones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense, desde los aproximadamente 215.000 millones actuales. La estrategia contempla aumentar la exposición a deuda hipotecaria y otros activos de mayor riesgo y rentabilidad, y se implementaría de forma gradual a partir de 2027, sujeta a la aprobación correspondiente.
La cifra en sí ya es relevante, pero la señal que envía lo es todavía más. Si los grandes inversores institucionales reducen su demanda de bonos del Tesoro, Estados Unidos podría verse obligado a ofrecer rentabilidades más altas para colocar su deuda, especialmente en los tramos más largos de la curva.
Y aquí es donde entra en juego el oro.
Tradicionalmente, unas rentabilidades más altas son negativas para el metal precioso, ya que aumentan el coste de oportunidad de mantener un activo que no paga intereses. Sin embargo, no es lo mismo que las rentabilidades suban por fortaleza económica y una Reserva Federal restrictiva, que por un mayor riesgo asociado a la deuda estadounidense.
En el primer escenario, el oro sufre. En el segundo, el aumento de las rentabilidades puede convertirse en un argumento a favor del metal.
El oro cuenta además con otros apoyos estructurales: las compras de los bancos centrales, la diversificación de las reservas internacionales, la incertidumbre geopolítica y las dudas sobre la sostenibilidad fiscal de las principales economías. A diferencia de un bono del Tesoro, el oro no depende de la solvencia de un emisor.
Esto no significa que los inversores estén sustituyendo los bonos estadounidenses por oro. El proceso es más gradual: se trata de diversificar el riesgo y reducir la concentración en un único activo soberano.
Análisis técnico
En la apertura, el oro cotiza en torno a los 4.412 dólares por onza. El punto de control del perfil de precio se mantiene en 4.036 dólares, claramente por debajo del precio actual. La nueva zona de control se ha desplazado hacia los niveles actuales, con el precio situado aproximadamente en el punto medio del rango entre los mínimos de 4.290,97 dólares y 4.529,27 dólares. Los máximos actuales se encuentran en 4.696,88 dólares.
El RSI, en 46,35%, se mantiene en una zona intermedia, sin mostrar todavía una condición de sobrecompra. El MACD presenta un histograma decreciente, mientras que su media móvil y la línea de señal permanecen por debajo de él, tras la recuperación registrada durante la primera semana de septiembre.
La lectura técnica es, por tanto, la de una consolidación dentro de una estructura general todavía favorable, pero sin confirmación de un nuevo impulso alcista.
La clave seguirá estando fuera del propio oro: la Reserva Federal, el dólar, los bonos del Tesoro y, cada vez más, quién está dispuesto a seguir financiando la deuda estadounidense y a qué precio.


